Twitter Facebook Delicious Digg Stumbleupon Favorites More
Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Antropología del duelo artístico

Existe un empeño casi febril entre sus señorías, ministros y ex presidentes todos ellos tiempo ha, de retratarse para la posteridad en una obra pictórica y ser colgado junto a sus antecesores. Que la posteridad no les depare soga o patíbulo, sino un lugar en la memoria del congreso para beneplácito y admiración de los futuros adalides de la democracia. Si la cosa estribase, como suele ser común entre los mortales, en no retribuir a los autores de tan magnificas obras, sino que esos trabajos les sirvan como promoción, tal vez la dignidad del servidor público, por una parte, y la contribución de la inmortalidad, tanto del nombre del artista como de su señoría, por la otra, resultarían más que dignas y respetables para el contribuyente que se hace cargo de las cuitas, y de ese modo hacer entrega de un amor a la patria que honraría sus respectivas memorias.

En modo alguno quiero que se me entienda que quiero denigrar o menospreciar el trabajo del artista cotizado, pero si en realidad sus señorías quieren hacer algo en pos de los artistas españoles que necesiten de un pequeño impulso en sus carreras, creo que ese sería un buen trampolín. Y este pequeño aspecto lo traigo ahora aquí porque me cansa tener que soportar (lo he sufrido en mis carnes innumerables veces) las infames proposiciones por parte de los profetas en los negocios. La maldita expresión “…eso te servirá para promocionarte” produce arcadas y posteriores vómitos del tamaño manguera de riego a presión, estilo Monty Python en 'El sentido de la vida'.

Y resulta que cuando oigo a los listillos de turno emitir aquella frase ignominiosa me viene a la memoria las indecencias que hemos de tener que pagar todos de nuestros bolsillos, esos magníficos retratos de sus señorías que lo mismo cuestan 22.000 euros que 220.000, a la imaginería del ministro y según antojo de la pose y ambientación; ahí tienen a todo un ex director de la guardia civil -ni siquiera ex ministro- retratándose con medallas de mérito militar sin serlo, o ese magnífico ex ministro de defensa y ex presidente del congreso defendiendo a capa y espada el sentido suntuoso, solemne y sepulcral del asunto. Bien, parece que me he trabado en las disertaciones, pero verán al final como todo tiene sentido.

Quisiera comprender lo que suele ser incomprensible, es decir, qué regla no escrita se ha de seguir y cómo se regula esa regla no escrita para que un ex ministro o ex presidente decida retratarse, cómo elegir al artista, qué baremos se suelen barajar, qué clase de tasación se realiza para calibrar el costo real, por qué no existe un concurso público de méritos… Y dejaré de parafrasear cuestiones que nunca van a ser respondidas con claridad. La respuesta es siempre la misma: la elección es a dedo y el pago es a capricho del autor y según su caché (¿?). Usted pague y punto, que lo bonito y solemne que quedan los retratos en las paredes del congreso serán de rechupete. Además, serán cotejadas por las futuras señorías, historiadores que les visitarán para narrar a posteriori esas aventuras y desventuras por el estado de derecho, y lo que disfrutarán los más pequeños de la casa cuando vayan con sus papás a verlos en los días de puertas abiertas, cuando sus señorías hayan pasado a mejor vida. Pues sí, es esta la intención última… para cuando hayan pasado a mejor vida dejarán su impronta en el templo de la democracia. Una democracia que por detrimento de sus propias señorías cada día que transcurre viene siendo denostada y vilipendiada, voluntaria o involuntariamente. Porque este es un país cainita y envidioso, y si uno roba, todos quieren; del mismo modo que si uno es o se comporta como un idiota, todos los demás quieren la misma porción de tarta. Culo veo, culo deseo. A algunos se les nota más que a otros y por eso suelen pillarle con las manos en la mierda, les delata la ambición y esa avaricia que les envenena.

Y es que esa ambición de ser retratado para la posteridad va in crescendo a lo largo de los años, hasta el punto de copar titulares. Este o aquel ex ministro ha colgado su retrato en el congreso, a este le ha costado setenta y tantos mil euros, a aquel doscientos mil. Forma parte de lo que supondría el ritual del duelo en vida, el dejar constancias de la trascendencia del individuo a través del tiempo, de su cancillería y denuedo en servidumbre al estado. De algo de eso habla “La muerte derrotada: antropología de la muerte y el duelo”, del antropólogo, historiador de religiones y escritor Alfonso María Di Nola. Desgraciadamente descatalogado para el lector, es un ensayo bastante esclarecedor e interesante que disecciona tanto los distintos ritos según la cultura social en la que se enclava el hombre, así como los orígenes y sus rituales y supersticiones. Desde el principio de los tiempos, y en todas los estratos sociales, económicos y períodos del hombre, el ser humano cumple con una serie de rituales fúnebres como respuesta ante la pérdida, como duelo por la eterna ausencia, como recordatorio en la memoria colectiva. Un ritual entre lo religioso y lo supersticioso, porque tal vez la falta de respeto al extinto enfurezca a las diversas divinidades, quienes maldecirán las vidas de los que denostan lo sagrado de la vida al final de ella, justo en la despedida o en los prolegómenos hacia otro camino. Entre todos esos rituales, según la sociedad y costumbres populares del grupo, no sólo el ritual del duelo se practica una vez el individuo ha fallecido, sino también en las postrimerías del fatal desenlace, así como en sus efemérides como recuerdo de su estancia entre los vivos. Para ello incluso se erigen imágenes o símbolos que se han formado o construido en vida para su recuerdo, reconocimiento, homenaje o adoración. 

La verosimilitud y auténtico significado de esos retratos (impostados) de sus señorías vienen a determinar la emulación de todos esos históricos personajes, que mal que bien pasaron por el congreso o por reinar o gobernar este país. La conciencia les hace querer imitar la solemnidad de aquellos que admiran o fueron parte de la historia gloriosa u oscura. Contemplan esos retratos de reyes, gobernantes, clérigos y otros adalides y les habla la conciencia: “tú también eres parte de la historia de España”. Y allí que se zambullen en su ritual antropólogo de la muerte, a cumplir con el deseo de ser recordado por la mirada de posteriores generaciones y disfrutar en vida todo cuanto aquellos que vendrán a pararse frente a su retrato. Que se les recuerden una vez fenecidos en esos rituales de duelo que parecen ser las jornadas de puertas abiertas del congreso, donde niños y mayores se sientan donde se sentaron un tal o un cuál, y luego podrán verles en esos maravillosos y solemnes retratos, o viceversa.

Que no, que no estoy denigrando esa impostura, que hasta procede tener sentido ese ejercicio de egocentrismo patrio, pero no en la formas como ya comenté con anterioridad: la elección a dedo, la cotización a capricho. A falta de cámara fotográfica las diversas cortes estatales siempre han contado con artistas de contrastada calidad en sus pinceles y ojo fotográfico para servicio del reino. Obras de un valor artístico incuestionable en su mayoría. Sin embargo, después de Velázquez el sentido del realismo retratado llegó con el daguerrotipo. El realismo pictórico dejó ya de tener sentido a día de hoy, porque después de aquel genio incomparable ya no hay nada más realista que la propia fotografía. Pero a día de hoy, con la película en color, y nadando en esta revolución digital que nos desborda de superchería silícica, y que tan fácil resulta darle un clic a un botón e imprimir un formato de alta resolución para terminar de enmarcar el producto, me parece una falta de respeto y un despilfarro económico, que pagamos todos, seguir incurriendo en el decimonónico sinsentido ritual de duelo del retrato en lienzo para colgar de la "pinacoteca de retratos políticos más importante de España" (habría que decir la única probablemente). Apostar por una bonita fotografía de estudio, imprimir y enmarcar y listo, es la solución definitiva que mediaría en la lógica creativa con los tiempos que corren. Porque si al menos esos retratos tuviesen un miserable valor artístico, este amago de antropología del duelo artístico quedaría en agua de borrajas.







© Daniel Moscugat, 2017.
® Texto protegido por la propiedad intelectual. 
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

Ética y estética

¡Qué Peliculón!

Popular Posts

© Daniel Moscugat, todos los derechos reservados.. Con la tecnología de Blogger.

Al alcance de tu mano

Al alcance de tu mano
Puedes recibirlo en tu propia casa, firmado y dedicado. Usa el formulario de contacto que ves junto a esta imagen.

Contacta desde aquí

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

...y mucho más aquí

Páginas vistas en total

Copyright © Daniel Moscugat | Powered by Blogger
Design by SimpleWpThemes | Blogger Theme by NewBloggerThemes.com | Distributed By Blogger Templates20