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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Fences


El texto original de esta producción es una obra teatral cuyo título es el mismo que el de esta película. Su autor, August Wilson, ganó el Pulitzer en 1983. Dicho esto uno comprende el porqué embarga la sensación constante de estar en un gran teatro donde los actores van y vienen exhibiendo sus conversaciones aparentemente intrascendentes, pero que moldean la vida y miserias de cada uno de los personajes, sus sueños, sus desencantos, sus pasados, sus secretos, retratando la denuncia social entorno a las frustraciones raciales y lo que ello conlleva. Son los diálogos y el virtuosismo interpretativo de dos enormes monstruos los que llevan a profundizar en la conciencia el porqué del determinismo frustrado de Troy (Denzel Washington) y la abnegación en el apoyo cómplice de su esposa (Viola Davis). Los prejuicios raciales de una familia afroamericana humilde y el modo como el pasado vierte sobre el cabeza de familia la frustración de no haber podido llegar a ser jugador de béisbol profesional, desembocan en un estallido de emociones contradictorias que ofrecen un espacio de reflexión más que interesante. Es, en definitiva, lo que el mismo título desvela: vallas. Esas que tanto las que uno mismo se impone y a su vez también a los demás, las que impone la sociedad, las que cercan nuestras renuncias y las que nadie se da cuenta construir en su entorno hasta que se topa contra ese frontispicio.

Allá por los años 50, la inclusión de los afroamericanos en las grandes ligas ya era un hecho, pero para Troy llega demasiado tarde. Éste es un padre de familia resentido con la vida por no haber llegado a ser jugador de béisbol y por algunos otros hechos delictivos que marcaron su incipiente juventud. Tras cada jornada de trabajo como basurero, lleva a diario sus lamentos al patio trasero de su casa, donde se confiesa con su colega de toda la vida, Bono, somete a su hijo a abrazar los preceptos de su conciencia frustrada y a quien obliga a abandonar sus sueños de ser jugador de fútbol, y donde ahoga las penas de verse sometido a la estabilidad que otorga la familia pero no así su instinto de liberación a dejar aflorar quién es realmente.


Que Denzel Washington es un virtuoso de la interpretación no lo vamos a descubrir aquí ahora. Tampoco que Viola Davis es un valor infalible a la hora de dramatizar y darle empaque a cualquier personaje (de hecho se ha llevado el Oscar a mejor actriz de reparto por este papel). Pero el responsable de toda esta maraña de ejercicio intelectual es el propio Denzel, que sabía de primera mano el valor de esta producción puesto que ya había interpretado este papel en Broadway años antes. Además, los actores que les acompañan están a la altura de la exigencia del actor-director-productor de esta película. Se sale con la puesta de largo del personaje y da toda una lección de matices e histrionismo que se antoja una pequeña injusticia no haber logrado la estatuilla como mejor actor en esta edición accidentada de los Oscar.

Apenas vemos un puñado de localizaciones que podremos contar con los dedos de una mano. Si acaso aparecen testimonialmente dos individuos no afroamericanos. Se vale de una fotografía sobria y de una crudeza muy significativa, puesto que retrata a la perfección todo ese halo que rezuma el personaje y el entorno no lo es menos. La película está llena de momentos de gran nivel, donde en ocasiones la intensidad de los diálogos se acerca más a la dramaturgia de las tablas de teatro que del cine convencional, porque en realidad me veo en la obligatoriedad de recalcar que no es una película al uso, ni mucho menos comercial. Para el espectador que no tenga el ojo entrenado en mil batallas cinéfilas puede resultarle un poco cargante los casi 140 minutos que dura el metraje.


Y sería un pecado eludir los aspectos metafóricos que trascienden la pantalla respecto a los compromisos sociopolíticos frustrados del ex presidente Barack Obama y del resurgimiento racial favorecido por el ínclito Tío Donald. Esto daría para mucho y no viene al caso extenderse más allá de la mera anécdota. Troy encarna bien esa metáfora de frustraciones y desencantos que abrumaba más allá de las fronteras estadounidenses y que abruman ahora entre la población afroamericana con la llegada a la presidencia del flequillo rubicundo más famoso de la galaxia. No obstante, para comprender mejor estos apuntes habría que hacer un guiño también a la ganadora como mejor película, Moonlight (2016), a la gran olvidada en los premios de este año, Loving (2016), y a la descalabrada Figuras ocultas (2016), ya revisada en esta tercera temporada de POR FIN ES VIERNES.


03.03.17   -   Por fin es viernes   COPE Málaga 93.4 FM




© Daniel Moscugat, 2017.
® Texto protegido por la propiedad intelectual. 
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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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