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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Cassandra y el caballo de Troya

Hace no muchas fechas me molesté en escribir una parrafada de esas que se olvidan fácilmente (Somos como el ciervo, 23.01.17). Y lo traigo aquí a colación porque volvemos a remover esa argamasa en la que se fundamenta la democracia llamada 'libertad de expresión'. En aquel texto ya recordé que no todo vale y me propongo promover esa disyuntiva para hacer un nuevo ejercicio de funambulismo con el objetivo de tratar de abrir los ojos a tanto ciego indocumentado que puebla el mundo. No se por qué me meto en camisa de once varas, la verdad, porque subrayar la constante del sentido común, viendo las cosas con la templanza que debieran verse siempre las cosas, es exponerse a descubierto al tiro al blanco. No obstante, en ocasiones como esta se me antoja necesario aunque ya se hayan vertido ríos de tinta a favor y en contra de todo este basto asunto.

Recordando al gran Umberto Eco, a modo de guiño elocuente, tras la recepción del doctorado honoris causa por la Universidsd de Turín, comentó algo que tenía todos los visos de ser una realidad pero que nadie se atrevía por entonces a decir en voz alta: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que en principio hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas". En efecto, sea cual fuere la red social en cuestión, está minada de legiones de idiotas que escriben mal y piensan peor. Les dejo un extracto de todo cuanto ha opinado respecto de las redes sociales e internet el bueno de Umberto aquí.

A vueltas con la libertad de expresión en este país, vuelvo a insistir que no todo vale. Pero habría que introducir en otro debate el nivel o cuantía de las sanciones que aplicar a esta caterva de gilipollas sin fronteras que ocupan lugar y espacio en todas las redes sociales habidas y por haber, y que incluso se organizan para acosar y derribar al objetivo que les contradiga. Y resulta del todo ambiguo, casi luctuoso, azogar con saña a una serie de incautos que tienen un pésimo gusto para el humor y dejar escapar a una serie de acervos que denigran con total impunidad, e incluso minimalismo, a personajes públicos por el simple desacuerdo de sus opiniones, porque hayan orinado un poco fuera del tiesto o incluso por el fallecimiento de un familiar del famoso en cuestión. Los abismos de lo penal, las delimitaciones del humor, la permisividad a las distintas apologías vejatorias que a diario siembran de vómito las redes sociales,… una larga lista de asuntos inconclusos que bascula entre lo absurdo y lo esencial y roza el ridículo. Hoy se congregan estos tres al unísono en un burdo maniqueismo que califica bien la idiosincrasia esperpéntica de un reino llamado España.

El caso que ha hecho saltar, como polichinelas de feria, los resortes de la mezquindad de este país es el de Cassandra Vera, harto conocido ya por todos pero que no es ni será el único ni el último. Esta es una chica que adquiere fama ahora por sus tweets incendiarios desde que tenía 15 años. Cierto es que su dudoso sentido del humor sale por la tangente de la estulticia, pero la interpretación del humor es un capricho que depende en buena medida, al parecer, del magistrado que toma las riendas del tribunal de turno y no del público al que va dirigido. El delito de Cassandra es no haber hecho un par de mohínes graciosos justo después de cada frase, acompañados por un redoble seco de percusión. Esta chiquita de 21 años reproduce lindezas como las que se recogen aquí. Después de leerlos, se me vienen a la cabeza las decenas de chistes machistas que reproducen semanalmente, por ejemplo, en un conocido programa donde la entrevista se desarrolla entre famosos al amparo de unos fogones y suelen cobijar en ocasiones ciertos aires de retrógrado humor que en ocasiones rozan las lindes de la incitación a la violencia de género, así como lindezas similares que denigran la figura de la mujer, y nadie parece percatarse de ello; o tal vez incluso se silencia simplemente porque esto es España y aquí es que “somos mu graciosos” (y si no, ahí tenemos a todo un portavoz del grupo popular que se atrevió a decir, de un modo irónicamente chistoso, que los familiares de las víctimas del franquismo que aún permanecen en las cunetas sólo les interesan ahora por las subvenciones; y ahí sigue, cual navajero pululando a su antojo por doquier, capaz hasta de agredir a cualquiera de sus señorías por los pasillos del congreso por el simple hecho de disentir en sus sentires). No obstante, no es propio en mi persona esgrimir el tópico que se ha convertido ya como deporte nacional de este país: “…y tú más”. No obstante no ha estado mal soslayarlo.

La gravedad del asunto, en mi modesta opinión, se establece con un agravio comparativo: a Carrero Blanco también se le considera víctima del terrorismo. ¡Ahí es nada!, chaval. Y este es, para mí, el quiz principal de la cuestión. Primero, que la fiscalía presupone víctima del terrorismo al sanguinario dictador. Segundo, que los chistes de mal gusto, pero chistes al fin y al cabo, acaben en condena de prisión. Como anexo, que las víctimas del terrorismo no hayan elevado la voz en contra de esta sentencia (que sugiere meter en el mismo saco a todos esos que murieron defendiendo la democracia, con los instrumentos que marcan la Carta Magna, junto al susodicho dictador) me parece algo más que sintomático. Se ha recordado hasta la saciedad ese chiste que el diccionario del dúo cómico Tip y Coll pasó en su día desapercibido, más o menos del tamaño de esos tweets de la pobre infeliz de Cassandra, y que a fecha de hoy, y por el rasero que estamos percibiendo desde las instituciones judiciales, les hubiera llevado directos al trullo. Que ahora se denoste y destroce la vida de esta chiquilla por una ley que es interpretada de distinto modo según la sala de la audiencia que la lleve, significa que algo no funciona bien en la justicia desde hace años y que el retroceso en cuanto a libertades se refiere es superlativo. Si en el año 84 chistes de ese calibre resultaban a todas luces inofensivos y ahora no, es que hay algo sintomático que no funciona del todo bien en los resortes de esas libertades y, sobre todo, de la justicia.

Cabe recordar un par de cosillas más. Que la ley también ampara el derecho a la dignidad de las personas y queda protegida por el código penal. Es curioso ver cómo a diario se esputan y estallan ante nuestros ojos miles de tweets contra personajes públicos, vilipendiados por el insulto a sus personas, familiares y entornos, sin contabilizar las amenazas de muerte, y no hay un paso firme ni voluntad por parte de la fiscalía para que actúe de oficio y haga lo que tenga que hacer, es decir, lo mismo que está haciendo contra la cabeza de turco de la tuitera Cassandra. Esa dignidad parece que importa poco. La segunda cosa a reseñar es que ya la ley de amnistía de 1977 resolvió conmutar o exonerar las posibles penas a quienes perpetraron la barbarie del atentado contra Carrero Blanco, los de ambos bandos. Resulta pues que 40 años después se sigue disculpando al régimen, en cualquiera de sus vertientes, en detrimento de aquellas personas que defienden o hacen uso de la libertad de elegir el humor como expresión de su libertad. ¿Significa todo esto, entonces, que los atentados de la resistencia francesa, por ejemplo, contra los nazis pueden ser considerados actos de terrorismo? ¿Por qué se considera un acto de terrorismo el atentado contra Carrero Blanco, si en realidad, independientemente del ideario político que hubiese detrás, suponía más bien un acto de resistencia política? Este es, fundamentalmente, el doble rasero de los jueces de la Audiencia Juan Francisco Martel, Carmen González y Teresa Palacios. Admitir a trámite y sentenciar por ello los hechos separados del contexto. Porque todo ello viene precedido de un contexto. O de dos: en primer lugar el contexo por el cual se produjo el atentado al dictador; y en segundo lugar el contexto de esos tweets que han prevalecido al parecer. Y me refiero a los tweets de Cassandra cuando apenas tenía 15 o 16 años. Un precedente de, como lo habría dicho el propio Umberto, de idiota púber e inconsciente al llevar a conversación universal, a través de Twitter, lo que debería haberse quedado en comentarios chistosos a la hora del bocata entre clases del instituto.

Recuerdo otra historia paralela que traigo a colación ahora para concluir. La sacerdotisa de Apolo que también se llamaba Casandra; quien, si no recuerdo mal, a cambio de una noche carnal pedía el don de profetizar. Pero cuando se vio con ese don de la adivinación, decidió que a tomar vientos, Apolo, a meneársela se ha dicho, ni que fuese una cualquiera… En fin, que Apolo la maldijo escupiéndole a la boca y en ella llevaría la maldición de seguir poseyendo su don pero sin el poder de convicción, nadie la creería jamás. Entre otras cosas, eso trajo consigo la caída de Troya puesto que nadie la tomó en serio en sus vaticinios. A Cassandra, apellidada Vera, murciana, española, la audiencia nacional le ha escupido en la propia boca de manera ruin y malversando la realidad. Porque le ha pesado el precedente de mal gusto y la inconsciencia que empapa de estupidez la pubertad de los mensajes que esputaba con síntomas evidentes de acné juvenil, dando por buenas y proféticas las palabras del bueno de Umberto Eco. Una Audiencia que ha rehusado tener en consideración, en cambio, el contexto por el que se perpetró el acto de sabotaje terrorista contra Carrero Blanco. Y la gran masa humana española vuelve el rostro ante la evidencia de la más que probable caída de Troya: España es el único país europeo con sentencias judiciales en contra de los distintos canales de medios humorísticos y personas físicas por hacer y practicar humor, independientemente del buen o mal gusto empleado (échenle un vistazo, por poner tan sólo un ejemplo, las portadas de la revista satírica Charlie Hebdo, quizá le aclare las ideas en este sentido: vídeo resumen, fotogalería). Ese caballo de Troya que penetra en la cuidad está destrozando lo más preciado que tenemos: "No estoy de acuerdo con lo que dice, pero daría mi vida para que usted lo pueda decir", comentó la biógrafa de Voltaire, Evelyne Beatrice Hall. Destrozarle la vida por cuatro chistes de mal gusto a un ser humano, al que han tomado como cabeza de turco, como caballo de Troya, es para tomarse muy en serio el estado en el que está la justicia y sobre todo el estado moral e intelectual de este país y hacer una profunda reflexión al respecto, desde todos los ámbitos. La invasión de los idiotas, señor Umberto, es cada vez más preocupante, parece que no sólo trasciende a las redes sociales...







© Daniel Moscugat, 2017.
® Texto protegido por la propiedad intelectual. 
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3 comentarios:

  1. Buena reflexión sobre lo acontecido y lo que queda por acontecer. Podría disentir en ciertos aspectos, pero creo no vale la pena porque lo esencial es lo que has plasmado con gran sabiduría.
    Enhorabuena.

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    Respuestas
    1. Gracias, Pepe. Aún nos queda mucho por ver sobre estos avatares de la libertad de expresión de este país.

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Sobre este blog

Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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