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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Anabólicos becarios

Para opinar me gusta tomarme siempre un cierto tiempo de distancia; tiempo para informarme, para procurar tener buenas referencias y, sobre todo, desapasionarme; solo así puede uno intentar comprender las cosas. Y aquí me hallo después de indignarme tras leer en la prensa escrita una carta al director cuya intención es reventar cualquier polémica, aunque lo único que consigue es poner de manifiesto cuán grande es la mezquindad con la que algunos se empeñan en menoscabar siempre la dignidad de los demás. Reproduzco literalmente: "Que una empresa te reconozca como becario es un reconocimiento al potencial como estudiante, no a la calidad como profesional. Llevo ocho becas a mis espaldas, la mitad sin remunerar, y de todas aprendí algo. Un becario no debe estar remunerado, porque solo le motivaría el dinero cuando su motivación debe ser aprender. Debe ser estudiante en primer lugar y luego aprendiz. Solo cuando uno no es estudiante y solo aprendiz es cuando su trabajo debe remunerarse. Véase la mediocridad en quienes no buscan destacar y triunfar sino ahorrar."

Que el individuo en cuestión confunda la moralidad con la idiotez, ejemplo de tantos otros que defienden del mismo modo su cualidad de esclavo amansado y aborregado, es señal inequívoca de que cada vez con más frecuencia los pueblos del mundo estén gobernados por idiotas sin fronteras: suelen ser mayoría, suelen ser los que les eligen. Tan sólo queda pedir perdón por confesar abiertamente que es un esclavo del sistema orgulloso de serlo. Y digo yo, que de saber discernir entre aprendiz, becario y trabajador, no sólo éste, sino tantos otros que vociferan por doquier (especialmente quienes becan, y no digamos ya el representante de todos los empresarios, el presidente de la patronal, quien ha de dar ejemplo, pero promueve sin embargo situarse contra las reiteradas sentencias emitidas por el tribunal supremo al respecto, poco más adelante leemos), al menos podríamos asegurarnos una mejor comprensión de dónde está ubicado uno en el mundo. No se trata de menospreciar el prestigio que supone aprender a lomos de los grandes profesionales, sino de saber o comprender cuál es la labor del becario y de un trabajador. Si tenemos en cuenta que el aprendiz recibe una formación laboral (que no un trabajo, aunque la percepción en todos los frentes, especialmente en hostelería sí lo es) donde se le instruye para realizar una tarea que desconoce porque no recibió previamente una formación al respecto, nos quedaría discernir la finísima línea que separa el becado con el trabajador. Desde estos enlaces unos pequeños ejemplos donde orientarse: enlace1 enlace2 enlace3.

Vamos al grano de esa polémica creada semanas atrás respecto a los llamados "stagiers", término anglosajón que sirve, como otros muchos, para enmascarar con burbujeantes sonrisas de glamour todo cuanto haya en torno a lo que de verdad se esconde tras la pajarita del smoking: trabajar gratis con la excusa de una beca. Y así, se ha de estar agradecido, como el ínclito susodicho, o como sugiere el patrón de patrones, hay que estarlo por tener la oportunidad de desarrollar una labor en esas empresas. Habría que apostillar, antes de empezar a desgranar este secreto a voces de la gastronomía española, que el entramado de becarios que trabajan a destajo por nada o siquiera por los gastos de transporte y manutención, es un mal endémico desde hace muchos más años de los que recuerdo y que se extiende a casi todos los servicios que se ofrecen a la sociedad: medios de comunicación, producción audiovisual, judicatura, medicina, clínicas dentales, electricidad, automoción. banca.. la lista sería interminable: si no te interesa, en la puerta tengo a mil más como tú. Esas prácticas de contratación tomando atajos fiscales se denominaría en terminología deportiva ir 'dopado' a competir. España es el quinto país en la lista de países con más estrellas Michelín, por debajo de Italia, Alemania, Francia y la todopoderosa Japón. Tal y como lo entiende un servidor de ustedes, esto significa algo así como ir al tour de Francia a competir dopado para ser el vencedor y conformarse con ganar alguna carrera suelta.

El origen de la polémica podría haber estallado hace ya muchos muchos años, y es ahora cuando ha deflagrado la cosa por el descuido de 'sentir lo que se dice' y a posteriori 'decir lo que se siente' de manera inconsciente (o no), al final lo uno no tapó lo otro y la velocidad parece que no tiene mucho que ver con el tocino aunque nos lo hayan querido colar con calzador. El pobre niño rico de Jordi Cruz abre la veda con declaraciones que abrieron la caja de Pandora tras el esclarecedor artículo de El Confidencial, sumándose otros compañeros de explotación, a cuál más osado, comentando idioteces que pueden resumirse en una única idea, que es la que en realidad supera cualquier reflexión: "Un restaurante Michelin es un negocio que, si toda la gente de cocina fuera de plantilla, sería inviable". Y no le falta razón. Doy fe de ello. A pesar de ser así, hay numerosísimos casos donde la ingente deuda acumulada han hecho cerrar los restaurantes o reinventarse. Y conozco a más de uno que ha ido dejando pufos por donde ha pasado del millón de euros hacia arriba en menos de un año. Sin embargo, todo esto solo me indica algo preocupante: la sensación de que las altas esferas de la cocina española están por encima del bien y del mal, a sensación de que son y parecen intocables, dioses entre mortales.

El caso es que voy a obviar cualquier tipo de banalidad al respecto y apelo a lo grave de todo este asunto, que no es otra cosa sino confundir lo que es un becario o "stagier" y lo que es un trabajador (en cuanto al cada vez más recurrido contrato de aprendizaje me lo voy a reservar para mejor ocasión, incluso si se me tercia la cosa haré un pequeño sondeo por la ciudad para dejarles un artículo de investigación al respecto, porque la cosa con estos pobres infelices aún tiene mucha más miga). Aunque lo realmente grave es usar estas figuras para la viabilidad del negocio, para el enriquecimiento personal como finalidad primordial por mucho que lo quieran enmascarar con otros cantos poéticos o romanticismos idealizados. No hay nada de glamour tras las puertas de la cocina y tampoco tanta excelencia como se quiere vender. Así que me voy a limitar a la legalidad y dejar la palabrería vacua a un lado, porque esto tiene más que ver con fiscalidad que con viabilidad. Por mucho que Jordi Cruz, a la cabeza de todos sus colegas Michelin, vaya llorando por las esquinas que no hay otro modo de hacer viable un restaurante.

Una sentencia del Tribunal Supremo del 13 de Junio de 1988, donde dice con bastante claridad que "tanto en la beca como en el contrato se da una actividad que es objeto de una remuneración, de ahí la zona fronteriza entre ambas instituciones (PDF)". Que quizá el aprovechamiento de esta línea tan fina de cómo resultado un sin fin de 'stagiers' que, por un poco de prestigio y engrosamiento de curriculum, caminen por el finísimo alambre de la ingratitud laboral y no becaria. No obstante, de nuevo el Tribunal Supremo resuelve, con fecha del 7 de julio de 1998, que "el rasgo diferencial de la beca como percepción en su finalidad primaria de facilitar el estudio y la formación del becario y no la de apropiarse de los resultados o frutos de su esfuerzo o estudio, obteniendo de ellos una utilidad en su beneficio (PDF)". O sea, que el becario, 'el stagier', se debe limitar a estudiar y formarse y la empresa a facilitar el acceso a éstos, porque de lo contrario se consideraría como otro tipo de relación, es decir, una relación laboral, tal y como hace referencia el mismo tribunal con otra sentencia del 22 de noviembre de 2005: "el problema reside en la valoración del becario en el marco de la propia actividad de la entidad que concede la beca, (...) la finalidad fundamental del vínculo no es la de contribuir a la formación del becario, sino obtener un trabajo necesario para el funcionamiento de la actividad de gestión del concedente, la conclusión de que la relación será laboral... (PDF)".

Pues tras las flagrantes declaraciones como las que el propio pobre niño rico se jacta de proclamar a los cuatro vientos sin remilgo alguno, ya susodichas, o las que secundaba su compañero de fatigas en la televisión pública, Pepe Rodríguez: "si nos quitan a todos los stagiers, cuidado porque muchos restaurantes Michelin lo pasarían muy mal", quedan en la evidencia de lo que ya se conocía a grito pelao pero de algún modo se hacía (y se sigue haciendo) oídos sordos. Que exista esta figura del becario o 'stagier' para que crezca en su formación me parece loable, necesario. Pero que se utilice el trabajo de estos jóvenes (¡y no tan jóvenes!) para beneficio de un modelo empresarial que es deficitario per se, me parece denigrante, salvaje, propio de repúblicas bananeras donde la figura del negrero es un modelo de negocio próspero, tanto como para poder permitirse un palacete, por ejemplo, de tres millones de euros. El problema es que ya prácticamente ha desaparecido este engañabobos del panorama informativo, y es lo alarmante para mí. Tras un poco de polvareda, tú pasas el Pronto y yo el paño, y aquí paz y en el cielo gloria. Como dije antes, hay que tomar conciencia de todo lo que nos concierne cuando se miran las cosas con cierta distancia. Tan solo han bastado un par de semanas para que haya desaparecido del panorama informativo esta forma de esclavitud moderna: '550 euros al mes por un piso sin reformar, con un gasto por becario de 34 euros. Un alquiler que equivale al precio de un menú y medio' en el restaurante A Poniente'.

Se leen por doquier comentarios y declaraciones de numerosos chef con estrellas Michelin como si aquéllos tuvieran que estar agradecidos por aprender de sus ídolos y que ellos también a su vez pasaron por ese proceso de 'escolarización'. Es la tradición. Hay que mantener ese estatus. Se saben poseedores de un cierto halo de superioridad donde se reconocen en el cielo del Olimpo culinario mundial y se creen con el derecho de poder tiranizar a todo el que quiera trabajar en sus instalaciones. Porque si rechazas la oferta del sacrificio de esclavismo moderno para acopiar experiencia y engrosar tu currículum, hay detrás mil más que aceptarían con los ojos cerrados. Puedo asegurarles que el trato laboral con algunos de estos chefs no es el más idóneo y tiene más que ver con tiempos de posguerra (qué digo de posguerra: vasallaje del feudalismo) que con el siglo XXI. Ahí podría hablar con apasionamiento desde mi experiencia personal. Pero, como ya he reiterado, me reservo el derecho de opinar con la lejanía que confiere el dejar una opinión objetiva y desapasionada. Entre otras cosas, porque he vivido y trabajado, como digo, todos los ambientes que ofrece la restauración y soy muy consciente de lo que hablo. Me dejo mucho más en el tintero, pero se darán muchas más ocasiones para hablar al respecto, sin duda.

Me resulta pavoroso el hecho de que se haya silenciado toda esta vorágine en las últimas semanas hasta casi desaparecer, intuyo que principalmente se debe a que la industria gastronómica atrae un turismo enriquecedor, con cierta calidad y que deja unos pingües beneficios para las arcas del estado (si no tenemos en cuenta lo que ahorran en seguridad social todos esos restaurantes Michelin), y por supuesto hay que cuidar la marca España. Qué más da que unos pobres diablos tengan que pagar con sangre y sudor y lágrimas por un poco de comida y alojamiento con el único fin de cumplir un sueño que en gran parte de los casos no se cumplirá o lo hará a medias, pero lo bien que queda en un currículum 'yo trabajé para el restaurante del chef Fulanito y también con Menganito'. Lo fácil que se lo han dejado a Inspección de Trabajo y ya les garantizo desde aquí, a modo de profecía iluminada, que no habrá ningún restaurante Michelin que cierre por irregularidades de este tipo, ni siquiera saldrán escaldados por alguna sanción económica. Stagier suena moderno, sofisticado, probablemente haya que aceptarlo en poco tiempo como sinónimo de esclavitud moderna y aceptada como algo habitual y normal, como se acepta todo en este país. Por estas y otras muchas razones, la figura del becario es la ÚNICA que carece de una regulación, de unos derechos laborales o siquiera académicos, incluso carecen de mínimas estadísticas de ninguna clase para poder compararse a cualquier otro segmento de la población. Es más que evidente que es utilizado como sustancia dopante de todo el tejido empresarial para poder sacar músculo y aliviar la carga económica de los centros de negocios. Esto no es más que un botón de muestra, porque si acercamos la lupa vamos a ver muchas más sustancias dopantes de las que aparecen en los análisis rutinarios.


© Daniel Moscugat, 2017.
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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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