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Historias cotidianas, otras almas, otros libros, cine...

Plan de fuga


Es una pena que esta película no haya seguido los pasos de títulos que se han digerido por aquí como Tarde para la ira o Que Dios nos perdone (por poner sólo un par de ejemplos), esto es, que es una cinta que podría haber valido más por lo que hay de trasfondo que por lo que realmente enseña. Había muchas expectativas creadas en torno a esta producción capitaneada por el realizador vitoriano Iñaki Dorronsoro, pero una inexplicable y farragosa trama, con excesivos saltos en el tiempo, y con honrosos apuntes de cine negro, envuelve como papel de celofán una película de un género que no se sabe bien donde ubicar y además deja muchos flecos sueltos que afean el resultado final.

La trama: un perfecto desconocido, Víctor (Alain Hernández), que realiza trabajos de butronero, un tanto peculiar y especial, es tentado para ser contratado por una banda de ex-militares de los balcanes. Le ponen a prueba para comprobar que tanto sus conocimientos como su fiabilidad están a la altura de la lealtad exigida en situación límite. Por otro lado, Luís Tosar, inspector responsable de la investigación que sigue de cerca a la susodicha banda. Irremediablemente, antes que después se encuentran y entra en escena Rápido (Javier Gutiérrez), un antiguo amigo de Víctor a quien conoce desde la juventud y que complica las cosas cuando colabora con la banda como conductor de camión... Y nada más puede decirse sin hacer un mínimo spoiler.

Dicho así, como digo, de haber seguido la senda que con éxito capitanearon Raúl Arévalo y Alberto Rodríguez en sus respetivas películas, que no sólo funcionaron bien en lo comercial sino también en lo puramente sustancial, en aquello que ocultaba el envoltorio, probablemente hubiera llegado a ser un film memorable. Del mismo modo, gracias a Javier Gutierrez, superlativo en su interpretación, así como de una producción técnica fantástica, se salva de la quema y en apariencia resulta una cinta entretenida. Le queda grande el protagonismo a Alain Hernández, y Luís Tosar, aunque correctísimo, parece como si la cosa no fuese con él.

A veces, por mucho que uno quiere acercarse a un determinado autor o cine de género, no basta con estar atento a lo que se plasma en la película, sino en asimilarlo e imponer un  estilo propio. A lo largo del metraje suenan numerosos tics de películas como Heat (Michael Mann, 1995) e incluso de Sidney Lumet (La noche cae sobre Manhattan (1996), Antes que el diablo sepa que hayas muerto (2007). No se trata de imitar, sino de asimilar. Este creo que es el catalizador de esta crónica. Durante muchas fases uno acaba por desesperarse ante tantisimos saltos de escenas y de tiempo, resulta farragoso. No hay precedentes de por qué se suceden algunas escenas y quedan flecos al respecto sin que queden bien parejados. Coexisten dos películas dentro de la misma película, como si hubiera tratado de meter todo en una coctelera y de ahí se desgranase como resultado final en numerosas secuencias que actúan a modo de piezas de un puzle al que se le han perdido algunos trazos y otros que resultan en cierta manera inconexos. Al final uno sale de la sala con un sabor extraño, sin saber definir si en el paladar tiene un thriller, una peli de acción, un drama, un melodrama pseudoerótico... Con una particularidad: puede que sea quisquilloso en ese sentido pero he podido oler lo cocinado a lo largo de la cinta y no entiendo el papel tan relegado de las féminas, que parecen aparcadas o desplazadas, no ya a un segundo plano, sino a un tercero o más allá, casi testimonial. Alba Galocha, pepito grillo del pasado de Víctor, quizá sea una de las pruebas más flagrantes (por no decir la única y reseñable), así como Itziar Atienza, que se diluye como un azucarillo debido a tanto giro inútil de guión.

En definitiva, una película que comienza con mucha fuerza, entretenida, pero que en lo sustancial se va diluyendo a medida que avanza en sus disquisiciones. La acción salta, sin previo aviso, de una ciudad a otra o de un espacio a otro totalmente opuesto. La diferencia la marcan siempre los pequeños detalles, la solvencia con la que se solucionan los nudos, además de procurar no dejar nunca 'flecos sueltos'. Hay numerosos problemas no resueltos en el guión y demasiados giros saltarines, en ocasiones intrascendentes, que de haber disfrutado de un espacio tiempo un poco más lineal hubiera ganado en empaque. Resulta una película en cierta manera entretenida pero carece de un trasfondo que podría haberse explotado mucho mejor de haberle otorgado un trasfondo dramático que el espectador hubiera aceptado incluso como una crítica hacia lo social.

05.05.17   -   Por fin es viernes   COPE Málaga 93.4 FM





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Este espacio es un lugar donde se desnudan las pequeñas y grandes historias que a veces pasan desapercibidas, quizá necesitan denuncia, o las que la vida cotidiana deja desamparadas y casi en el olvido. También habla de poesía y literatura, de cine, de la vida... Sin ninguna pretensión, con honestidad y sinceridad. Y respecto a las otras almas..., todos tenemos otras muchas que están en la nuestra.

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